lunes, 24 de abril de 2017

¿Que es Amar?


Quisiera esta vez como joven que soy, hablar sobre lo que considero, es la base fundamental de la Biblia y las relaciones humanas. Muchos jóvenes en la sociedad tienen la meta o expectativa de llegar a casarse, formar un hogar y por supuesto ser felices. La pregunta es ¿en qué debe fundamentar el matrimonio? ¿Las Escrituras me enseñan cómo ser feliz?
Muchas veces el joven se deja llevar por lo que ve o lo que piensa, y no tiene una verdadera visión  de lo que es el matrimonio; y en ocasiones tampoco tiene idea que naturalmente en toda la Escritura se encuentren principios y guías esenciales para el matrimonio.
Hoy en día el panorama en el área juvenil es muy desalentador, la carencia de valores o peor aún, la vivencia de antivalores, se ha anidado en la conciencia de la juventud. Tenemos que estar apercibidos de la realidad, hoy vemos una tasa elevada de promiscuidad en los adolescentes, embarazos precoces, familias sin padre, disolución de matrimonios, porcentaje de divorcio en las nubes; en fin, una realidad muy triste.
Me atrevo asegurar que la causa de todos estos males es: “el desconocimiento de lo que es el verdadero amor”. Reflexionemos ¿será que el amor del que me habla la Palabra de Dios, es como el mundo me lo pinta? Por ejemplo, la ausencia de una formación en valores fundamentadas en la Biblia ha perturbado tanto a la gente, que a veces escuchamos decir: “yo lo amo porque tiene un carrazo” “yo la amo porque es muy bonita” “es que es tan inteligente” “esto es amor de verdad, porque tiene buenos sentimientos y un gran corazón”; sin embargo, la esencia del amor que nos enseña la Biblia: es totalmente incondicional. En esto basaré mi enseñanza que desarrollaré a continuación.

El amor la mejor elección

Porción extraída del libro 5 lenguajes del amor de Gary Chapman: "Los motivos que llevan a formar un matrimonio son distintos según se trate de una pareja observante de los preceptos de la Biblia o de quienes se encuentran alejados de los mismos. En este último caso, luego de un encuentro circunstancial se inicia una relación basada en una atracción física y en un sentimiento de “amor mutuo”. Se llega a la conclusión de que son tal para cual. Cualquier diferencia que pudiera existir, será cubierta por el cariño mutuo que se dispensan.
 
Por varios motivos deciden casarse. En primer lugar, para ayudarse uno al otro, serán felices, formarán una familia, estarán acompañados en la vida y por sobre todo, se quieren tanto que no hay motivo para no contraer enlace. Si analizamos más profundamente, nos daremos cuenta que todos estos puntos giran sobre una misma base: “el camino al matrimonio es la mejor garantía para obtener los mayores beneficios desde varios puntos de vista”.
 
Cuando surgen desentendimientos entre la pareja, esta base se desmorona y la puerta de la separación se abre de par en par. La creencia de que el amor que sustentaba la relación cubriría todos los inconvenientes no se cumplió en la práctica. ¿Por qué fue así? Porque era un amor ficticio, basado en condiciones, la belleza, en sueños imaginarios, falsas expectativas o intereses materiales, entre otros; y no en el análisis de las características, valores y principios verdaderos de la pareja." 

Distinto por completo es el matrimonio basado en los valores de la palabra del Eterno. Sus integrantes saben la importancia que cada familia tiene para el pueblo de Dios en general. Por eso, el concepto de amor para este tipo de parejas tiene otro significado. Para nosotros, el amor es el medio que otorgó El Señor al ser humano para alcanzar el objetivo: formar una familia. Conceptos radicalmente opuestos a aquellos que se encuentran alejados de la Palabra y piensan que la formación de la familia es el medio para encontrar y consolidar el “amor” preexistente.
 
En otras palabras el amor que enseña la Escritura es la base de todas las relaciones; y consecuentemente, de la formación de una familia. Acotando, en el nuevo testamento, vemos como el mandamiento de ama a tu prójimo como a ti mismo es magnificado por Jesús: "Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como YO os he amado” Jn 15:12 ¿Cómo hay que amar al prójimo? Como Jesús  mismo nos amo. Si es así con los hermanos, cuanto más en el hogar, donde las personas, principalmente marido y mujer, pasaran toda una vida juntos, compartiendo gustos , opiniones , problemas , circunstancias adversas, sabiendo de antemano que la familia es la base de la sociedad. En cuanto al matrimonio, El apóstol Pablo en el texto de Efesios 5  dice: Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también el mesías nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” resaltando posteriormente al sujeto que recae principalmente la responsabilidad de amar en el matrimonio, y  es en el hombre.

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como el Mesías amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una congregación gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha . Ef 5:25-27

Aunado a esto, el mismo Pablo da continuidad a esta idea en Efesios 5:28-30 “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama, pues nadie odió jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como también el Mesías a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.”

Ahora bien, el hecho de que en el hombre recae esta responsabilidad, no significa, amadas hermanas, que ustedes mujeres no tienen el deber de amar a sus esposos y junto con ello respetarlos. En la carta a Tito de Pablo, él exhorta a las mujeres de la siguiente manera:

Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte. Que no sean calumniadoras ni esclavas del vino, sino maestras del bien. Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. Tit 2:3-5

           
Mujeres, primeramente a las madres, en esta sociedad, la venezolana: ¿cuántas madres se dedican a enseñar a sus hijas a ser esposas? ¿Cuántas se preocupan de enseñar las funciones (rol) de la mujer en el matrimonio? ¿Cuántas se ocupan de enseñarles estos valores y principios de la Biblia? Me atrevo a afirmar que muy pocas, ya que en la cultura venezolana, los padres se enfocan mas en decir a sus hijos que sean alguien en la vida, estudia, gradúate y se profesional; cosa que no es malo, es parte del crecimiento integral de un/una  joven, pero no lo mas importante. Esto muestra una predisposición tácita hacia la institución del matrimonio, la unión mas santa que El Señor otorgó al hombre y mujer, transmitiéndole a los hijas pensamientos como este: “Se una excelente profesional no vaya a ser que el hombre que te toque te deje botada (coloquialmente te deje en 4 bloques) y tengas que salir sola adelante” de manera que le inculcan a sus hijas la posibilidad de separación aún antes de que siquiera piense en casarse. Muy pocas apuestan al matrimonio, casi nunca se escucha decir: “hija prepárate para ser una buena esposa, para mantener en orden tu hogar" entre otros valores; y esto como se plantea en la Escritura, es responsabilidad de las mujeres mayores y con su ejemplo.

            Además, acerca de las palabras del apóstol, de sujetarse a sus maridos, ¿a que se refiere?. En el mundo hay una distorsión de lo que es la autoridad en el hogar, de allí surge lo que es conocido como machismo / feminismo. En Génesis 3 el Señor le dice a la mujer: “Tu deseo será para con él y él te dominará” en el original hebreo esta palabra que allí aparece es Mashal %B")-lv'm.yI y se refiere a un dominio en armonía. Pedro habla al respecto: ¿como debe ser este dominio en armonía en el hogar? "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que si algunos no obedecen a la palabra, también sean ganados sin una palabra por medio de la conducta de sus mujeres, al observar vuestra reverente y casta manera de vivir. Vuestro adorno no sea el exterior, con arreglos ostentosos del cabello y adornos de oro, ni en vestir ropa lujosa; sino que sea la persona interior del corazón, en lo incorruptible de un espíritu tierno y tranquilo. Esto es de gran valor delante de Dios. Así también se adornaban en tiempos antiguos aquellas santas mujeres que esperaban en Dios y estaban sujetas a sus propios maridos Así Sara obedeció a Abraham, llamándole señor. Y vosotras habéis venido a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no tenéis miedo de ninguna amenaza. Vosotros, maridos, de la misma manera vivid con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas."

Puedo afirmar entonces, que el amor está fundamentado en la valoración mutua que existe entre la pareja. La pregunta que ahora nos podemos hacer: ¿Qué es el amor? ¿Cómo debemos amar al hermano; y mayor aún, a nuestros esposos o esposas?

El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” 1 Cor 13:4-7 Es de esta manera que Jesús ordenó el amarnos y el apóstol Pablo exhorta a los maridos amar a sus esposas.


No es un amor condicionado por un motivo, ya que en ese caso, cuando el mismo desaparezca, este "amor" se esfumará como si nunca hubiera existido. No depende de instintos, deseos o placer, sino que se fundamenta en una visión no egoísta que permitirá una elevación espiritual constante, para alcanzar la verdadera felicidad. El verdadero amor está basado en saber tolerar y brindarse por el otro. Ese amor no está sustentado en la búsqueda de derechos o beneficios personales. Es un amor racional, es una decisión.
   
El amor no es egoísta.

Una de las diferencias básicas entre el ser humano y el animal consiste en que el animal se preocupa sólo por sí mismo. Casi nunca veremos a un perro o a un caballo que se moleste en llevar comida a otros animales de su misma especie. Por el contrario, cada uno peleará con el otro animal por la misma porción. El ser humano, creado a imagen (Tzelem Elokim) y semejanza Divina, debe entender y sentir la necesidad del prójimo y esforzarse por ayudarlo.
 
Porción extraída del libro Trato a la mujer de Rafael Freue: "En una oportunidad, un judío se presentó delante de su Rabino para quejarse de un compañero que había abierto un negocio similar al suyo en la misma calle. El Rabino le contestó: "¿Sabes por qué un caballo patea el agua de un arroyo cuando toma de ella? Sucede que al inclinarse para beber y observar a “otro caballo” con sus mismas intenciones, se llena de furia y patea. Su falta de inteligencia no le permite entender que el “otro caballo’ es él mismo y que el arroyo tiene agua suficiente para ambos". El Rabino terminó diciendo a su alumno que no debía comportarse mal pensando que un hermano suyo le sacaría lo que a él le corresponde. Debía alegrarse que existiera otra persona que encontrase el sustento para su familia. Por otra parte, no debía preocuparse, ya que El Señor le daría a él lo necesario para la vida."  "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mat 6:11)

Este tema adquiere una relevancia fundamental en el matrimonio, donde tanto el marido como la mujer se comportarán como seres humanos, sólo si realmente se preocupan por el otro y por sus necesidades. Pero si se limitan solamente a buscar un provecho propio y a recibir lo que necesitan, sin preocuparse por brindar al otro lo que éste espera, necesita y le corresponde, no tendrán diferencia en sus actos con el comportamiento de los animales. Debemos trabajar sobre nosotros mismos para sacar el egoísmo de nuestros corazones y llegar a sentir que somos un sólo cuerpo junto a nuestra pareja.
               
Reitero, el amor es la base de la vida matrimonial, ya que representa la unión que reclama las Escrituras: "Vehaiu Lebazar Ejad" ("Serán para un solo cuerpo o ser"). En esa porción se habla de dos que van a llegar a ser uno, por lo que “ejad” admite un plural, en el sentido que dos distintos (el hombre y la mujer) en verdad llegarán a ser “uno” al amarse con perfección. De eso justamente habla Jesús cuando dice: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10:30 y 17:22). 

Esto debe ser entendido en el sentido de Gn 2:24, pero en el sentido más elevado posible. Cuando la Biblia relata que Isaac contrae matrimonio con Rebeca, el versículo de Génesis 24 dice: "Y la trajo Isaac (a Rebeca) a la carpa de Sara, su madre, fue para él su mujer y la amó". O sea, que el verdadero amor une a la pareja. Cuando cada uno de sus integrantes observa la preocupación y el esfuerzo del otro, los lazos del amor basados en los principios que la misma Palabra establece, unen a la pareja por toda la vida. Ese amor se multiplica con el correr de los días, a diferencia de lo que sucede en otros hogares en donde cada vez se debilita más luego del fervor existente en el noviazgo.

Tomando nuevamente como referencia el libro “trato a la mujer” de Rafael Freue, se plantea que existen dos formas de amor: Amor para recibir y amor para dar.

1.    Amor para recibir, o sea querer a la otra persona por provecho propio, para sentirse mejor. Esto es en verdad quererse a sí mismo, porque significa estar preocupado por satisfacer sus propios deseos sin tener en cuenta la voluntad del otro. Pero esto no es amor. ¡Es egoísmo! Permítanme darles un ejemplo. En una oportunidad, una persona fue a comer a un lugar de primera categoría y ante la pregunta del mozo sobre qué era lo que deseaba comer, le respondió: "yo quiero mucho a los peces". El mozo se dirigió a la cocina y al poco tiempo trajo una bandeja con distintas clases de pescados. Alguien que presenciaba lo que sucedía, con mucha inocencia le dijo: "Tú no quieres a los peces, ya que si así fuera, hubieras solicitado que te trajeran una pecera con peces de todo tipo. Lo que sucede es que te quieres a ti mismo y como consecuencia de ello, te honras comiendo pescado".

  1. Amor para dar,  Doblegar el yo, el si mismo, no buscando satisfacer sus propias necesidades sino los de la otra persona, como lo plantea 1 Cor 13 “el amor no busca lo suyo”. En este mismo libro pocas páginas más adelante dice: Cuando el Rambam (un reconocido Rabino judío) se refiere al matrimonio, nos habla de obligaciones y no de derechos. Podríamos creer que las obligaciones de uno son los derechos del otro, pero es un error. Por ejemplo, la obligación del marido de amar a su esposa y respetarla más que a su propio cuerpo, es una obligación del hombre con Dios y no un derecho de la mujer. Igualmente, cuando el Rambam comenta que la mujer prudente es la que hace la voluntad de su esposo, no se trata de un derecho del hombre, sino de una obligación de la mujer para con Hashem.                                                                                                                                                                                                                                                                    De lo anteriormente expuesto se deduce que se debe buscar satisfacer las necesidades de la otra persona y no las nuestras, aunque el otro miembro de la pareja no haga lo mismo con nosotros por ser una obligación con El Eterno y no un derecho del cónyuge. El deber ser, es que ambos miembros de la pareja (Hombre y mujer) estén dispuesto a sacrificar los intereses personales en beneficio de la otra parte.                                                                                                                                                                                                      Preguntémonos: ¿Quién existiendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojo a si mismo tomando forma de siervo, humillándose a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, para satisfacer la mayor necesidad del hombre, que son el perdón de los pecados, salvación y vida Eterna? Y es la misma manera que nos manda Pablo a amar a nuestras esposas en Efesios, pues Jesucristo mismo vivió en amor, por amor y dio su vida por amor a nosotros. Este es el verdadero amor en la Biblia y el que fue derramado en nuestros corazones por El Espíritu Santo (Rom 5:5) y en la biblia textual dice en (1 Jn 4:19)  “Nosotros  amamos, porque Él nos amó primero”
 El amor: un principio de vida

He venido usando la palabra “amor” en español, y tal vez crea o se confunda de que se viene hablando de sentimientos, aunque estos están involucrados; no podemos definir el amor en términos de sentimientos, pues estos son cambiantes como las nubes. No se trata de eso. El amor en sentido Bíblico es un principio. A fin de precisar este concepto, quiero compartir otra porción del libro ya mencionado.

De manera general, contrariamente a lo que piensa mucha gente, está escrito en Masejet Derej Erez capítulo 2: "Si deseas amar al prójimo, preocúpate por darle el bien". los sabios judios enseñan: "No se da porque se quiere, sino que se quiere porque se da". La raíz de esto es que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. Él nos da absolutamente todo sin recibir nada a cambio.

 De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3:16) Por eso, también el hombre podrá amar al prójimo sólo después de haberse brindado íntegramente por él. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4:8)


El amor verdadero es demostrado a alguien cuando existe el deseo de satisfacer las necesidades de la otra persona sin pensar en sí mismo. Por eso, el término "amor" en hebreo es "Ahabá", cuya raíz proviene de la palabra "Hab" que significa dar. Recuerden amados hermanos que por mandato del Eterno, debemos unirnos en matrimonio con un creyente del sexo opuesto, y el ser creyente implica que ama a Dios, por lo tanto cumple su palabra (emunah); y reforzando la idea ya expuesta, es un deber con El Señor que el esposo ame a su esposa como el Mesías  a la Iglesia, y que la mujer ame y respete al esposo como al mismo Eterno. Así es el matrimonio de carácter sobrenatural.

Este es el principal objetivo que debemos tener en mente como creyentes en Jesús, al desear formar un hogar, debemos internalizar este principio y enseñarlos a otros. Por eso dice el Señor, “en donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy reunido en medio de ellos”. Y este es particularmente ciertísimo en el matrimonio, sólo si en el matrimonio u hogar se ha formado en su Nombre, Jesús, la Shekiná (presencia Divina), estará presente en el hogar. Pues como dice el libro de Cantares: “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” (Cantares 8:7).

Quiero usar nuevamente como referencia  el libro “Trato a la mujer”  que nos brinda un enfoque original cuando haya dificultades en el matrimonio: comenta sobre un matrimonio que luego de vivir diez años sin poder tener hijos, se presentó delante de Rabí Shimhon  para divorciarse. El Rabino les dijo: "De la misma manera que se casaron haciendo una fiesta, deben hacer otra fiesta para divorciarse". Escucharon su consejo, y en la fiesta que hicieron, el marido le dijo a su esposa: "Todo objeto lindo que encuentres en la casa puedes llevarlo contigo". ¿Qué hizo la mujer? Después de que su marido se emborrachó y se quedó dormido, les dijo a sus sirvientes que lo llevaran con la cama misma a la casa de los padres de ella. Al despertarse, el hombre preguntó qué estaba haciendo en ese lugar. Su señora le explicó: "Hice lo que tú me dijiste, no existe nada más preciado para mí que poder tenerte a mi lado". Fueron donde Rabí Shimhon  nuevamente para explicarle que era imposible para ellos separarse. El Rabino hizo Tefilá (Oración) por ellos para que pudieran tener hijos y finalmente el milagro se produjo: tuvieron muchos hijos que colmaron de felicidad ese hogar.

"¿Por qué Rabí Shimhon no hizo Tefilá (oración) para que pudieran tener hijos desde un principio en lugar de decirles que se separaran haciendo la fiesta? La respuesta a esta pregunta es que la solución de los problemas de un hogar se encuentra sólo cuando la pareja demuestra previamente amor. Sólo en ese momento podía hacer efecto la Oración de Rabí Shimhon. El mensaje para nuestra vida es claro: ante las dificultades que se presenten, debemos estrechar los vínculos de amor y compañerismo en nuestros hogares para que así nuestras Oraciones sean escuchadas. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo1 P 3:7

Así pues. lo que sostiene el matrimonio no es el amor basado en sentimientos, sino en el “ahavá”. Si cada uno de los integrantes de la pareja tuviera este principio en su corazón, sería más fácil de hallar la felicidad que las Escrituras prometen para el hogar. Si brindamos todo nuestro corazón en el sentido Bíblico ya explicado a nuestra pareja, seremos correspondidos por el mismo amor, compartiendo un hogar lleno de alegría y felicidad.

Conclusiones

Para culminar, ¿cuántos de los padres enseñan a sus hijos a ser buenos esposos y esposas, cuántos se dedican a formar en ellos valores que apunten al éxito en el matrimonio? Existen dos conceptos hebreos que destacan el significado del matrimonio para los Hijos de Dios y son “kidushin” y “nisuim”. Kidushin la raíz de esta palabra connota algo o alguien que está reservado para un específico (sagrado propósito) y deja apartada a la mujer para un hombre en particular y no otro. Nisuin completa el acto del matrimonio y significa elevación. Esta elevación espiritual constante que apunta el matrimonio solo es posible si ambos miembros de la pareja tienen una visión no egoísta basada en el verdadero amor lo cual los llevara a disfrutar de la felicidad.

Amados hermanos el ahavá es el fundamento de un matrimonio feliz y para toda la vida, siempre vendrán los problemas pero Dios en un hogar lleno de amor otorgara la solución. La mayor responsabilidad de un Hombre no es proveer a su esposa, sustentarla, darle vestido; si es necesario, claro está, pero su mayor responsabilidad es darle amor, el amor que ordenó y ejemplifico Jesús que no busca lo suyo sino lo del otro, el amor que pasa por alto la ofensa, perdona, que es bondadoso y expresa el carácter mismo del Eterno Dios. Pablo dijo en Romanos 13:10 “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento (pleroo) la magnificencia de la Torah (Palabra de Dios) es el amor”.

Los comentarios expresados en este artículo son de exclusiva responsabilidad del Ing. Ricardo Soto