Quisiera esta vez como joven que soy, hablar sobre lo que
considero, es la base fundamental de la Biblia y las relaciones humanas. Muchos
jóvenes en la sociedad tienen la meta o expectativa de llegar a casarse, formar
un hogar y por supuesto ser felices. La pregunta es ¿en qué debe fundamentar el matrimonio? ¿Las Escrituras me enseñan cómo ser feliz?
Muchas veces el joven se deja llevar por lo que ve o lo que
piensa, y no tiene una verdadera visión de lo que es el matrimonio; y en ocasiones tampoco tiene idea que naturalmente en toda la Escritura se
encuentren principios y guías esenciales para el matrimonio.
Hoy en día el panorama en el área juvenil es muy
desalentador, la carencia de valores o peor aún, la vivencia de antivalores, se
ha anidado en la conciencia de la juventud. Tenemos que estar apercibidos de la
realidad, hoy vemos una tasa elevada de promiscuidad en los adolescentes,
embarazos precoces, familias sin padre,
disolución de matrimonios, porcentaje de divorcio en las nubes; en fin, una
realidad muy triste.
Me atrevo asegurar que la causa de todos estos males es:
“el desconocimiento de lo que es el verdadero amor”. Reflexionemos ¿será que el
amor del que me habla la Palabra de Dios, es como el mundo me lo pinta? Por
ejemplo, la ausencia de una formación en valores fundamentadas en la Biblia ha
perturbado tanto a la gente, que a veces escuchamos decir: “yo lo amo porque tiene un carrazo” “yo la amo porque es muy
bonita” “es que es tan inteligente” “esto es amor de verdad, porque tiene
buenos sentimientos y un gran corazón”; sin embargo, la esencia del amor que
nos enseña la Biblia: es totalmente incondicional. En
esto basaré mi enseñanza que desarrollaré a continuación.
El amor la mejor elección
Porción extraída del libro 5 lenguajes del amor de Gary Chapman: "Los
motivos que llevan a formar un matrimonio son distintos según se trate de una
pareja observante de los preceptos de la Biblia o de quienes se encuentran
alejados de los mismos. En este último caso, luego de un encuentro
circunstancial se inicia una relación basada en una atracción física y en un
sentimiento de “amor mutuo”. Se llega a la conclusión de que son tal para cual.
Cualquier diferencia que pudiera existir, será cubierta por el cariño mutuo que
se dispensan.
Por
varios motivos deciden casarse. En primer lugar, para ayudarse uno al otro,
serán felices, formarán una familia, estarán acompañados en la vida y por sobre
todo, se quieren tanto que no hay motivo para no contraer enlace. Si analizamos
más profundamente, nos daremos cuenta que todos estos puntos giran sobre una
misma base: “el camino al matrimonio es la mejor garantía para obtener los
mayores beneficios desde varios puntos de vista”.
Cuando
surgen desentendimientos entre la pareja, esta base se desmorona y la puerta de
la separación se abre de par en par. La creencia de que el amor que sustentaba
la relación cubriría todos los inconvenientes no se cumplió en la práctica.
¿Por qué fue así? Porque era un amor ficticio, basado en condiciones, la
belleza, en sueños imaginarios, falsas expectativas o intereses materiales, entre otros; y no en el
análisis de las características, valores y principios verdaderos de la pareja."
Distinto
por completo es el matrimonio basado en los valores de la palabra del Eterno.
Sus integrantes saben la importancia que cada familia tiene para el pueblo de
Dios en general. Por eso, el concepto de amor para este tipo de parejas tiene
otro significado. Para nosotros, el amor es el medio que otorgó El Señor al
ser humano para alcanzar el objetivo: formar una familia. Conceptos
radicalmente opuestos a aquellos que se encuentran alejados de la Palabra y
piensan que la formación de la familia es el medio para encontrar y consolidar
el “amor” preexistente.
En otras palabras el amor que
enseña la Escritura es la base de todas las relaciones; y consecuentemente, de la
formación de una familia. Acotando, en el nuevo testamento, vemos como el
mandamiento de ama a tu prójimo como a ti mismo es magnificado por Jesús: "Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como YO os he
amado” Jn 15:12 ¿Cómo hay que amar al prójimo?
Como Jesús mismo nos amo. Si es así con
los hermanos, cuanto más en el hogar, donde las personas, principalmente marido
y mujer, pasaran toda una vida juntos, compartiendo gustos , opiniones ,
problemas , circunstancias adversas, sabiendo de antemano que la familia es la base de la
sociedad. En cuanto al
matrimonio, El apóstol Pablo en el texto de Efesios 5 dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como
también el mesías nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y
sacrificio a Dios en olor fragante” resaltando posteriormente al sujeto que recae principalmente la
responsabilidad de amar en el matrimonio, y es en el hombre.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como el Mesías amó a la Iglesia y se
entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el
lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una congregación
gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera
santa y sin mancha . Ef 5:25-27
Aunado a esto, el mismo Pablo da
continuidad a esta idea en Efesios 5:28-30 “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos.
El que ama a su mujer, a sí mismo se ama, pues nadie odió jamás a su propio
cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como también el Mesías a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.”
Ahora bien, el hecho de que en el
hombre recae esta responsabilidad, no significa, amadas hermanas, que ustedes
mujeres no tienen el deber de amar a sus esposos y junto con ello respetarlos.
En la carta a Tito de Pablo, él exhorta a las mujeres de la siguiente manera:
Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte. Que no sean
calumniadoras ni esclavas del vino, sino maestras del bien. Que enseñen a las
mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas,
cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de
Dios no sea blasfemada. Tit 2:3-5
Mujeres, primeramente a las madres, en esta sociedad, la
venezolana: ¿cuántas madres se dedican a enseñar a sus hijas a ser esposas?
¿Cuántas se preocupan de enseñar las funciones (rol) de la mujer en el
matrimonio? ¿Cuántas se ocupan de enseñarles estos valores y principios de la Biblia? Me
atrevo a afirmar que muy pocas, ya que en la cultura venezolana, los padres se
enfocan mas en decir a sus hijos que sean alguien en la vida, estudia, gradúate
y se profesional; cosa que no es malo, es parte del crecimiento integral de
un/una joven, pero no lo mas importante. Esto muestra una predisposición tácita hacia la institución del matrimonio, la
unión mas santa que El Señor otorgó al hombre y mujer, transmitiéndole a los hijas pensamientos como este: “Se una excelente profesional no vaya a ser que el
hombre que te toque te deje botada (coloquialmente te deje en 4 bloques) y tengas que salir sola adelante” de manera que le
inculcan a sus hijas la posibilidad de separación aún antes de que siquiera
piense en casarse. Muy pocas apuestan al matrimonio, casi nunca se escucha
decir: “hija prepárate para ser una buena esposa, para mantener en orden tu
hogar" entre otros valores; y esto como se plantea en la Escritura, es responsabilidad de las mujeres
mayores y con su ejemplo.
Además, acerca
de las palabras del apóstol, de sujetarse a sus maridos, ¿a que se refiere?. En el
mundo hay una distorsión de lo que es la autoridad en el hogar, de allí surge
lo que es conocido como machismo / feminismo. En Génesis 3 el Señor le dice a
la mujer: “Tu deseo será para con él y él te dominará” en el original hebreo
esta palabra que allí aparece es Mashal %B")-lv'm.yI y se refiere a un dominio en armonía. Pedro habla al
respecto: ¿como debe ser este dominio en armonía en el hogar? "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros
maridos, para que si algunos no obedecen a la palabra, también sean ganados sin
una palabra por medio de la conducta de sus mujeres, al observar vuestra
reverente y casta manera de vivir. Vuestro adorno no sea el exterior, con
arreglos ostentosos del cabello y adornos de oro, ni en vestir ropa lujosa;
sino que sea la persona interior del corazón, en lo incorruptible de un
espíritu tierno y tranquilo. Esto es de gran valor delante de Dios. Así también
se adornaban en tiempos antiguos aquellas santas mujeres que esperaban en Dios
y estaban sujetas a sus propios maridos Así Sara obedeció a Abraham, llamándole
señor. Y vosotras habéis venido a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no
tenéis miedo de ninguna amenaza. Vosotros, maridos, de la misma manera vivid
con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como
a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean
estorbadas."
Puedo afirmar entonces, que el amor está
fundamentado en la valoración mutua que existe entre la pareja. La pregunta que ahora nos podemos hacer: ¿Qué
es el amor? ¿Cómo debemos amar al hermano; y mayor aún, a nuestros esposos o
esposas?
“El amor es paciente, es bondadoso; el amor
no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se
porta indecorosamente; no busca lo suyo,
no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la
injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” 1 Cor 13:4-7 Es de esta manera
que Jesús ordenó el amarnos y el apóstol Pablo exhorta a los maridos amar a sus esposas.
No es un amor condicionado por un motivo,
ya que en ese caso, cuando el mismo desaparezca, este "amor" se esfumará como si nunca
hubiera existido. No depende de
instintos, deseos o placer, sino que se fundamenta en una visión no egoísta que
permitirá una elevación espiritual constante, para alcanzar la verdadera
felicidad. El verdadero amor está
basado en saber tolerar y brindarse por el otro. Ese amor no está sustentado en
la búsqueda de derechos o beneficios personales. Es un amor racional, es una decisión.
El amor no es egoísta.
Una
de las diferencias básicas entre el ser humano y el animal consiste en que el
animal se preocupa sólo por sí mismo. Casi nunca veremos a un perro o a un
caballo que se moleste en llevar comida a otros animales de su misma especie.
Por el contrario, cada uno peleará con el otro animal por la misma porción. El ser
humano, creado a imagen (Tzelem Elokim) y semejanza Divina, debe entender y
sentir la necesidad del prójimo y esforzarse por ayudarlo.
Porción extraída del libro Trato a la mujer de Rafael Freue: "En una oportunidad, un judío se presentó
delante de su Rabino para quejarse de un compañero que había abierto un negocio
similar al suyo en la misma calle. El Rabino le contestó: "¿Sabes por qué
un caballo patea el agua de un arroyo cuando toma de ella? Sucede que al
inclinarse para beber y observar a “otro caballo” con sus mismas intenciones,
se llena de furia y patea. Su falta de inteligencia no le permite entender que
el “otro caballo’ es él mismo y que el arroyo tiene agua suficiente para ambos".
El Rabino terminó diciendo a su alumno que no debía comportarse mal pensando que un
hermano suyo le sacaría lo que a él le corresponde. Debía alegrarse que
existiera otra persona que encontrase el sustento para su familia. Por otra
parte, no debía preocuparse, ya que El Señor le daría a él lo necesario para la
vida." "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a
vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas
cosas a los que le pidan?” (Mat 6:11)
Este
tema adquiere una relevancia fundamental en el matrimonio, donde tanto el
marido como la mujer se comportarán como seres humanos, sólo si realmente se
preocupan por el otro y por sus necesidades. Pero si se limitan solamente a
buscar un provecho propio y a recibir lo que necesitan, sin preocuparse por
brindar al otro lo que éste espera, necesita y le corresponde, no tendrán diferencia
en sus actos con el comportamiento de los animales. Debemos trabajar
sobre nosotros mismos para sacar el egoísmo de nuestros corazones y llegar a
sentir que somos un sólo cuerpo junto a
nuestra pareja.
Reitero, el amor es la base de la vida matrimonial, ya que representa
la unión que reclama las Escrituras: "Vehaiu
Lebazar Ejad" ("Serán para un solo cuerpo o ser"). En esa
porción se habla de dos que van a llegar a ser uno, por lo que “ejad” admite un
plural, en el sentido que dos distintos (el hombre y la mujer) en verdad
llegarán a ser “uno” al amarse con perfección. De eso justamente habla Jesús
cuando dice: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10:30 y 17:22).
Esto debe ser
entendido en el sentido de Gn 2:24, pero en el sentido más elevado
posible. Cuando
la Biblia relata que Isaac contrae matrimonio con Rebeca, el versículo de Génesis
24 dice: "Y la trajo Isaac (a
Rebeca) a la carpa de Sara, su madre, fue para él su mujer y la amó".
O sea, que el verdadero amor une a la pareja. Cuando cada uno de sus
integrantes observa la preocupación y el esfuerzo del otro, los lazos del amor
basados en los principios que la misma Palabra establece, unen a la pareja por
toda la vida. Ese amor se multiplica con el correr de los días, a
diferencia de lo que sucede en otros hogares en donde cada vez se debilita más
luego del fervor existente en el noviazgo.
Tomando nuevamente como referencia el libro “trato a la mujer” de Rafael Freue, se plantea que existen dos formas de amor: Amor para recibir y amor para dar.
1. Amor
para recibir, o sea querer a la otra persona por provecho propio,
para sentirse mejor. Esto es en verdad quererse a sí mismo, porque significa
estar preocupado por satisfacer sus propios deseos sin tener en cuenta la
voluntad del otro. Pero esto no es amor.
¡Es egoísmo! Permítanme darles un ejemplo. En una oportunidad, una persona fue
a comer a un lugar de primera categoría y ante la pregunta del mozo sobre qué
era lo que deseaba comer, le respondió: "yo quiero mucho a los
peces". El mozo se dirigió a la cocina y al poco tiempo trajo una bandeja
con distintas clases de pescados. Alguien que presenciaba lo que sucedía, con
mucha inocencia le dijo: "Tú no quieres a los peces, ya que si así fuera,
hubieras solicitado que te trajeran una pecera con peces de todo tipo. Lo que
sucede es que te quieres a ti mismo y como consecuencia de ello, te honras comiendo
pescado".
- Amor para dar, Doblegar el yo, el si mismo, no buscando satisfacer sus propias necesidades sino los de la otra persona, como lo plantea 1 Cor 13 “el amor no busca lo suyo”. En este mismo libro pocas páginas más adelante dice: Cuando el Rambam (un reconocido Rabino judío) se refiere al matrimonio, nos habla de obligaciones y no de derechos. Podríamos creer que las obligaciones de uno son los derechos del otro, pero es un error. Por ejemplo, la obligación del marido de amar a su esposa y respetarla más que a su propio cuerpo, es una obligación del hombre con Dios y no un derecho de la mujer. Igualmente, cuando el Rambam comenta que la mujer prudente es la que hace la voluntad de su esposo, no se trata de un derecho del hombre, sino de una obligación de la mujer para con Hashem. De lo anteriormente expuesto se deduce que se debe buscar satisfacer las necesidades de la otra persona y no las nuestras, aunque el otro miembro de la pareja no haga lo mismo con nosotros por ser una obligación con El Eterno y no un derecho del cónyuge. El deber ser, es que ambos miembros de la pareja (Hombre y mujer) estén dispuesto a sacrificar los intereses personales en beneficio de la otra parte. Preguntémonos: ¿Quién existiendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojo a si mismo tomando forma de siervo, humillándose a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, para satisfacer la mayor necesidad del hombre, que son el perdón de los pecados, salvación y vida Eterna? Y es la misma manera que nos manda Pablo a amar a nuestras esposas en Efesios, pues Jesucristo mismo vivió en amor, por amor y dio su vida por amor a nosotros. Este es el verdadero amor en la Biblia y el que fue derramado en nuestros corazones por El Espíritu Santo (Rom 5:5) y en la biblia textual dice en (1 Jn 4:19) “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero”
El amor: un principio de vida
He venido usando la
palabra “amor” en español, y tal vez crea o se confunda de que se viene
hablando de sentimientos, aunque estos están involucrados; no podemos definir
el amor en términos de sentimientos, pues estos son cambiantes como las nubes. No
se trata de eso. El amor en sentido Bíblico es un principio. A fin de precisar
este concepto, quiero compartir otra porción del libro ya mencionado.
De manera general, contrariamente
a lo que piensa mucha gente, está escrito en Masejet Derej Erez capítulo 2:
"Si deseas amar al prójimo, preocúpate por darle el bien". los sabios judios enseñan: "No se da porque se quiere, sino que se quiere
porque se da". La raíz de esto es que el hombre está hecho a imagen y
semejanza de Dios. Él nos da absolutamente todo sin recibir nada a cambio.
“De tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en
él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3:16)
Por eso, también el hombre podrá amar al prójimo sólo después de haberse
brindado íntegramente por él. “El que no ama no
ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1
Jn 4:8)
El
amor verdadero es demostrado a alguien cuando existe el deseo de satisfacer las
necesidades de la otra persona sin pensar en sí mismo. Por eso, el término
"amor" en hebreo es "Ahabá", cuya raíz proviene de la
palabra "Hab" que significa dar. Recuerden
amados hermanos que por mandato del Eterno, debemos unirnos en matrimonio con un
creyente del sexo opuesto, y el ser creyente implica que ama a Dios, por lo
tanto cumple su palabra (emunah); y reforzando la idea ya expuesta, es un deber
con El Señor que el esposo ame a su esposa como el Mesías a la Iglesia, y que la mujer ame y respete al
esposo como al mismo Eterno. Así es el matrimonio de carácter sobrenatural.
Este es el principal objetivo que debemos tener en
mente como creyentes en Jesús, al desear formar un hogar, debemos internalizar
este principio y enseñarlos a otros. Por eso dice el Señor, “en donde están dos
o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy reunido en medio de ellos”. Y este es
particularmente ciertísimo en el matrimonio, sólo si en el matrimonio u hogar se ha
formado en su Nombre, Jesús, la Shekiná (presencia Divina), estará presente en
el hogar. Pues como dice el libro de Cantares: “Las muchas aguas no podrán
apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” (Cantares 8:7).
Quiero usar nuevamente como referencia el libro “Trato a la mujer” que nos
brinda un enfoque original cuando haya dificultades en el matrimonio: comenta sobre un matrimonio que luego
de vivir diez años sin poder tener hijos, se presentó delante de Rabí
Shimhon para divorciarse. El Rabino les
dijo: "De la misma manera que se casaron haciendo una fiesta, deben hacer
otra fiesta para divorciarse". Escucharon su consejo, y en la fiesta que
hicieron, el marido le dijo a su esposa: "Todo objeto lindo que encuentres
en la casa puedes llevarlo contigo". ¿Qué hizo la mujer? Después de que su
marido se emborrachó y se quedó dormido, les dijo a sus sirvientes que lo
llevaran con la cama misma a la casa de los padres de ella. Al despertarse, el
hombre preguntó qué estaba haciendo en ese lugar. Su señora le explicó:
"Hice lo que tú me dijiste, no existe nada más preciado para mí que poder
tenerte a mi lado". Fueron donde Rabí Shimhon nuevamente para explicarle que era imposible
para ellos separarse. El Rabino hizo Tefilá (Oración) por ellos para que pudieran
tener hijos y finalmente el milagro se produjo: tuvieron muchos hijos que
colmaron de felicidad ese hogar.
"¿Por
qué Rabí Shimhon no hizo Tefilá (oración) para que pudieran tener hijos desde un
principio en lugar de decirles que se separaran haciendo la fiesta? La
respuesta a esta pregunta es que la solución de los problemas de un hogar se
encuentra sólo cuando la pareja demuestra previamente amor. Sólo en ese momento
podía hacer efecto la Oración de Rabí Shimhon. El mensaje para nuestra vida es
claro: ante las dificultades que se presenten, debemos estrechar los vínculos
de amor y compañerismo en nuestros hogares para que así nuestras Oraciones sean
escuchadas. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas
sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas
de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” 1 P 3:7
Así pues. lo que sostiene el matrimonio no es el amor basado
en sentimientos, sino en el “ahavá”. Si cada uno de
los integrantes de la pareja tuviera este
principio en su corazón, sería más fácil de hallar la felicidad que las
Escrituras prometen para el hogar.
Si brindamos todo nuestro corazón en el
sentido Bíblico ya explicado a nuestra pareja, seremos correspondidos por
el mismo amor, compartiendo un hogar lleno de alegría y felicidad.
Conclusiones
Para culminar, ¿cuántos de los
padres enseñan a sus hijos a ser buenos esposos y esposas, cuántos se dedican a
formar en ellos valores que apunten al éxito en el matrimonio? Existen dos
conceptos hebreos que destacan el significado del matrimonio para los Hijos de
Dios y son “kidushin” y “nisuim”. Kidushin la raíz de esta palabra connota algo
o alguien que está reservado para un específico (sagrado propósito) y deja
apartada a la mujer para un hombre en particular y no otro. Nisuin completa el
acto del matrimonio y significa elevación. Esta elevación espiritual constante
que apunta el matrimonio solo es posible si ambos miembros de la pareja tienen
una visión no egoísta basada en el verdadero amor lo cual los llevara a
disfrutar de la felicidad.
Amados hermanos el ahavá es el fundamento de un matrimonio
feliz y para toda la vida, siempre vendrán los problemas pero Dios en un hogar lleno de amor
otorgara la solución. La mayor responsabilidad de un Hombre no es proveer a su
esposa, sustentarla, darle vestido; si es necesario, claro está, pero su mayor
responsabilidad es darle amor, el amor que ordenó y ejemplifico Jesús que no busca lo suyo sino lo del otro, el amor que pasa por alto la ofensa, perdona, que es bondadoso y expresa el carácter mismo del Eterno Dios. Pablo dijo
en Romanos 13:10 “El amor no hace
mal al prójimo; así que el cumplimiento
(pleroo) la magnificencia de la
Torah (Palabra de Dios) es el amor”.
Los comentarios expresados en este artículo son de exclusiva
responsabilidad del Ing. Ricardo Soto